Un recién nacido,
torpeza y desconfianza
ante el rigor del equilibrio,
busca el alimento de la luz,
el hambre apunta al corazón,
la teta que derrama su abundancia
frente a la escasez de la cuaresma,
luego el vapor, la espuma de la leche
dibujando una flor
en las comisuras de los labios
y de repente
empieza a aparecer la imagen
en el vidrio glacial de los espejos.
Zona B:
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