Él era más que un nombre,
lo llevaba pegado al paladar y cuando hablaba
resonaba en el aire su metal
como las armas de los héroes cuando caen,
nada en él era milagro o casualidad,
sus ojos padecían esa extraña enfermedad
que afecta a los que espían el artificio oscuro de los dioses,
yo aprendí de memoria algún pasaje
de su larguísima onmástica escrita siempre en vertical
como los ideogramas orientales,
de ahí deriva mi tendencia a contar con los dedos
el número de sílabas de su exquisita jerga métrica
para no equivocarme, porque lo hago al revés,
mirando la escritura en el espejo.
Zona B:
No eran nubes altas, eran aviones israelíes ensayando la forma de hacer más eficaz sus bombardeos. Desde abajo miraban los niños palestinos, reunidos en la escuela al aire libre. ¡¡¡JUICIO AL GENOCIDA Y AL PAYASO ASESINO!!! ¡¡¡BOICOT AL ESTADO SIONISTa!!!
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