Seguí nadando hasta una orilla
cenagosa y desierta, los carrizos
blanqueaban el lugar y florecían
con su ancianidad eternizada,
lejos del ideal de lo perenne,
de espalda incluso a lo bisiesto,
altos, blancos y alejados
de la hospìtalidad de las orillas
Zona B:
Cualquier dolor puede volver o llegar uno nuevo, como nos sucede ahora por obra del payaso ególatra. ¡¡¡QUE MI LENGUA QUEDE PEGADA AL PALADAR SI ME OLVIDO DE TI, GAZA!!!
No hay comentarios:
Publicar un comentario