Allí quedó
entre el olor eléctrico de un cirio,
su perfil engomado ya muy lejos
de la gestualidad de las palabras,
no necesitaba nada más,
ni siquiera el amor que Emily Dickinson
agrega al equipaje de los muertos,
si acaso la emoción de quedar solo
para poder pensar y poner orden
a una penosa improvisación,
la cinta de correr se le detuvo
mientras lanzaba un pretencioso reto a la aternidad
sin saber que el tiempo no se rige
por las misma reglas que nosotros.
Zona B:
Él trajo el desorden. La ambición del payaso ególatra pone en peligro la menguada estabilidad de nuestro mundo. Y lo permitimos, ignorando el derecho que debiera amparar a los más débiles. La ley soy yo, ha dicho, y nosotros humillamos la cabeza. ¡¡¡VERGÜENZA COLECTIVA!!! ¡NO OLVIDEMOS QUE GAZA SIGUE DESANGRÁNDOSE!
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